Maternidad, paternidad y política por Ibone Olza

En el blog de Ibone Olza pude leer el siguiente post que comparto con ustedes. Vale la pena leerlo; a continuación se los comparto:

Hasta ahora había preferido no opinar sobre la maternidad de la vicepresidenta de nuestro país básicamente por respeto, por un sentimiento de solidaridad con todas las madres, colectivo universal al que siento pertenezco. Sin embargo el artículo que ha publicado este fin de semana El País al respecto me ha parecido tan sumamente tendencioso que como psiquiatra infantil quiero decir algo. Vaya por delante que no quiero juzgar a ninguna madre ni tampoco culpabilizar.

No opiné cuando saltándose la legalidad se reincorporó sin haber cumplido eldescanso obligatorio porque a mí misma la idea de un descanso “obligatorio” para las puérperas me parece absurda. Cada mujer es un mundo y conozco a muchas que pocos días después de dar a luz se han sentido más fuertes, creativas y llenas de energía que nunca. (Yo no estaba pletórica pero confieso que hice buena parte de mi tesis doctoral en las semanas y meses que siguieron al nacimiento de mi segundo hijo, eso sí, con el pequeño pegado al pecho o en mis brazos la mayor parte del tiempo). Quiero pensar que Soraya eligió libremente, aunque por otra parte que su jefe le encargara semejante tarea (traspaso de poderes) quince días después de dar a luz me pareció que podía ser algo bastante cercano a la explotación.

No, el problema no es que cada mujer se sienta libre de hacer lo que le dé la gana, si no que no se permita llevar a los bebés al trabajo, es decir, que volver a trabajar suponga forzosamente una separación madre bebé. El problema en mi opinión se agrava cuando se publican artículos tan tendenciosos como este del sábado titulado:  “Soraya Saénz de Santamaría: entre pañales y decretos”.

¿Cómo se hace para compatibilizar la vicepresidencia con los cuidados del bebé? preguntaba la periodista. “Con organización” aseguraba tajante la jefa de gabinete de la vicepresidencia. Sin embargo lo que se describía a continuación no era en absoluto un ejemplo de organización, sino denegación. Llamemos a las cosas por su nombre, al menos. Negación de las necesidades afectivas de los recién nacidos. Omisión de las consecuencias nefastas que todo esto le puede acarrear. Los bebés necesitan el contacto estrecho, mantenido, íntimo con la madre, la relación cuerpo a cuerpo durante la mayor parte del primer año de vida. Estar separados de ella les supone un estrés inimaginable, mayor cuanto más pequeña es la criatura. Este estrés se traduce en alteraciones bioquímicas, hormonales, inmunológicas, y hasta en la morfología cerebral. Negarlo a estas alturas sería como decir que fumar veinte cigarrillos al día durante años no es dañino para los pulmones. Este estrés es caldo de cultivo para futuras patologías mentales como los trastornos de ansiedad en la vida adulta, los trastornos del vínculo u otros, en función lógicamente de la severidad y duración de la separación y del tipo de cuidados que reciba el bebé en ausencia de la madre.

En el artículo se explica que Soraya “una máquina de trabajar”, “se ha impuesto como norma acudir todos los días al baño de su hijo… aunque los compromisos hagan imposible cumplir este propósito la mayor parte de los días”. Se menciona que hasta ahora eran el padre y la abuela los encargados de los cuidados diurnos, pero la abuela está lesionada y el padre se reincorpora a un trabajo  en el que se verá “obligado a viajar”. Más adelante se aclara no obstante que la madre se encarga de “los cuidados por las noches” y que tienen la suerte de que “Iván es muy bueno = come y duerme muy bien”. A mi me sólo se me ocurre darle un consejo a Soraya: duerme con tu bebé. Incluso si no le estás dando el pecho, permítele que duerma pegadito a tu cuerpo, piel con piel, durante los próximos dos años. Será la mejor manera de mitigar ese estrés cotidiano y prevenir secuelas. No temas aplastarle, eso no va a suceder. Cuantas más horas os regaléis de piel con piel mejor.

El artículo cae en los tópicos clásicos: el bebé más “bueno” es el que duerme y come bien. Yo sin embargo, que trabajo como psiquiatra con bebés, me suelo preocupar más cuando me dicen que un bebé duerme muchas horas seguidas que cuando me comentan que se despierta cinco o seis veces cada noche.

Pero lo más grave en mi opinión son las declaraciones de la consejera de educación de Madrid. Lucía Figar explica “mis bajas de maternidad han durado poco , dos o tres semanas, en otro trabajo me hubiera cogido la baja completa sin perdonar un día pero cuando tienes responsabilidades de gobierno estás o no estás”.  He aquí el quid de la cuestión. Se considera “responsabilidad” separar a un recién nacido de su madre por la política. Para mí es justo al revés, un ejemplo de irresponsabilidad que quiero pensar es más debido a la ignorancia que a otras causas. En esta adultocracia en la que vivimos no somos consciente del disparate al que hemos llegado. ¿Cómo queremos que nos gobiernen bien quienes para hacerlo abandonan los cuidados de sus propios hijos recién nacidos? A mí eso sólo me infunde una enorme desconfianza. Me parece que es justo al revés. Sueño con un mundo en el que una presidenta o un presidente de gobierno puedan decir que no han ido al parlamento porque sus hijos tenían anginas, pesadillas o necesidad de estar acompañados, o donde un ministro pueda llegar al consejo con un bebé colgado en la bandolera o una niña pequeña de la mano. Entonces sentiría que son personas conscientes, sensibles y empáticas con capacidad de amar y cuidar, y de alguna manera me sentiría mucho más confiada en su buen hacer y en su criterio.

Basta ya de esta división absurda entre trabajo y maternidad y paternidad. La conciliación sólo será posible si terminamos con esta división de espacios, si entendemos que la ciudadanía se sustenta en la cuidadanía, como diría mi querida amiga y socióloga Isabel Aler.

Como imagen, estas inolvidables fotografías de la eurodiputada italiana Lizia Ronzulli que ha puesto una pica en Flandes yendo al europarlamento con su bebé en varias ocasiones. ¡Ojalá cunda el ejemplo!

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